Pensadero

Aceptar la injusticia no es una virtud, sino todo lo contrario.

Cleóbulo de Lindos

jueves 16 de abril de 2009

Políticamente correcto (I)


-¿El nombre de Usher no significa nada para usted?

-Nada.
-Bueno, ¿y este nombre: Edgar Allan Poe?
El señor Bigelow meneó la cabeza.
-Por supuesto-gruñó delicadamente el señor Stendahl, con desaliento y desprecio a la vez-.¿Cómo pude pensar que conoce al bendito señor Poe? Murió hace mucho tiempo, antes que Lincoln. Quemaron todos sus libros en la Gran Hoguera. Hace ya treinta años...
-Ah-dijo juiciosamente el señor Bigelow-.¡Uno de aquellos!
-Sí, Bigelow, uno de aquellos. Allí ardieron Poe y Lovecraft y Hawthorne y Ambrose Bierce, y todos los cuentos de miedo, de fantasía y de horror, y con ellos los cuentos del futuro. Implacablemente. Se dictó una ley. Oh, no era casi nada al principio. Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales, y por supuesto, las películas, siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo a algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos.

Ray Bradbury
Usher II, Crónicas marcianas

miércoles 1 de abril de 2009

Esa polémica ley...



Me tiene estos días muy indignada la campaña de la Iglesia en contra de la reforma de la ley del aborto. Sin entrar (de momento) en polémicas, me encuentro con una publicidad claramente engañosa.

Lo primero que salta a la vista es un hermoso (es un decir) bebé de, al menos, seis meses de edad. Que yo sepa, matar niños sí está penado, así que no veo la lógica de poner una foto de un infante ya nacido en lugar de una de un feto de tres meses. Bueno, sí que se la veo. Siempre provocará más ternura y deseo de protección un crío que un feto.Nos fijamos luego en el lince y resulta que ni siquiera es un lince ibérico, especie autóctona y protegida, sino de un lince boreal, especie ésta más extendida y que desde luego no tiene nada que ver con el país al que se pretende presionar con dicho cartelito.

Entrando ya en polémica, no puedo resistir la tentación de despacharme a gusto con algunos aspectos que los llamados pro-vida no parecen tener en cuenta.

El primero, y más básico, es que, al igual que nadie tiene derecho a obligar al aborto, nadie puede obligar a tener descendencia. Y ésto último es lo que al parecer pretenden estas asociaciones, que tengamos descendencia, deseada o no, o bien que no tengamos sexo. Claro que también existen medios para evitar el embarazo, pero todo falla. El preservativo se rompe, las píldoras se olvidan y los diafragmas se ponen mal. Y no son excusas que se oigan normalmente en centros de planificación (que también), son casos reales que le pueden pasar a cualquiera.

También se habla mucho de la madurez, curiosamente de dos maneras totalmente diferentes. Por un lado, se oye mucho decir que si alguien es maduro para tener sexo con 16 años, también debe ser maduro como para asumir las posibles consecuencias, en este caso un embarazo. Claro, la misma madurez se necesita para echar un polvo que para criar y mantener a un niño. Por otro lado, también se escucha por ahí que alguien de 16 años no es suficientemente maduro para decidir si abortar o no, y que necesitaría el consentimiento de los padres. Vamos a ver, ¿es maduro alguien de 16 años o no? ¿Es maduro para follar y tener críos, pero no para decidir si aborta?. Querría también señalar que, en muchos casos de embarazos adolescentes, la presión de padres y familiares es precisamente lo que decide a la inmadura (o madura) futura mamá a seguir adelante con el embarazo. Y por estos lares sureños acaban incluso casándose.

Se oyen también a algunos nuevos Nostradamus, que predicen que, como consecuencia de ésta reforma de ley, el aborto se empezará a usar como nuevo método anticonceptivo. Los que así hablan parecen no tener en cuenta que un aborto es una experiencia en absoluto agradable, tanto psicológicamente (el simple hecho de tomar la decisión no es tan sencillo como parecen creer estos señores pro-vida), como físicamente (no olvidemos que un aborto es una intervención quirúrgica, con todo lo que ello conlleva).

Por supuesto, es mucho más maduro y más humano tener un niño aún sabiendo que no se puede mantener, o que es resultado de una violación, o que simplemente no se está preparado. Ese niño vivirá tremendamente feliz con una madre que no pueda atenderlo porque estará trabajando como una burra para pagar pañales, o que cada vez que lo mire recuerde un suceso horrible y traumático, o que piense en él como un incordio o un incoveniente que no debió suceder.

La foto pertenece a un feto de 12 semanas, mucho menos "abrazable" que un niño de 6 meses.

sábado 28 de marzo de 2009

Desnudez



En pleno siglo XXI, uno pensaría que la desnudez debería ser algo de lo más natural. Sin embargo, la visión de cuerpos desnudos, al igual que el sexo, sigue siendo a estas alturas algo incómodo, un tabú. Seguimos inculcando ese manido concepto de la decencia y seguimos creciendo pudorosos y obsesionados. Afortunadamente los tiempos van avanzando, y hoy en día la mentalidad va abriéndose poco a poco. Curiosamente la consecuencia de este aumento de libertad es que en este momento tenemos una extraña mezcla de educación antigua y moderna que se traduce en casos quizás no surrealistas, pero sí ciertamente ilógicos.

Y así podemos encontrarnos con una madre que considera una tontería que su hijo, en plena pubertad y con el atenuante de la educación recibida, sufra una vergüenza terrible si le ven desnudo, pero no duda en gritar ofendida si es el hijo quien la sorprende en la bañera tal y como vino al mundo. O mujeres (hombres también habrá, pero yo no he encontrado ninguno) que enrojecen de pudor si las sorprendemos en ropa interior, pero que no dudan en acudir a la playa cada verano con bikinis e incluso en top-less.

Sorprendentemente, la desnudez interior no produce tanto pudor como la exterior. La mayoría de las personas cuentan sus miedos, penas, dificultades y un largo etcétera de intimidades, no ya tomando un café con amigos, sino en sitios tan públicos cómo la peluquería o la parada del autobús.

A mí, que debo ser algo rara, siempre me parecieron más importantes mis sentimientos y pensamientos que un simple cuerpo desnudo.

lunes 23 de marzo de 2009

Felicidad



¿Cuánta gente es feliz? ¿Cuántos de vosotros os consideráis felices? No me refiero a estar contentos, me refiero a esa felicidad que nos venden total y absoluta. Yo no sé cuántos habrá, lo que sí observo a mi alrededor son personas que nunca lo serán. Por lo que puedo ver en gente que conozco bien, existen dos categorías bien diferenciadas.

Están aquellos que siempre necesitan algo más. Les preguntas un día y necesitan un trabajo estable. Cuando lo consiguen necesitan una pareja, luego un coche, un piso, un televisor mejor, un viaje increíble, hijos...; y así una larga lista de objetos y situaciones personales en sucesión constante.
Luego están los que necesitan cosas imposibles. Que su familia siempre esté sana y contenta, que a su alrededor todo sea agradable, que su cuenta corriente se llene como por arte de magia de millones y millones (esto último sino imposible sí harto improbable).
Nos encontramos con que la felicidad debe ser un estado de bienestar absoluto, algo semejante a ir andando entre nubes siempre sonriendo, sin absolutamente ninguna nimiedad que nos empañe esa sensación de alegría completa.


Yo, sin embargo, estoy convencida de que la felicidad es algo muchísimo más sencillo. No creo que exista nunca un momento de nuestras vidas a partir del cual todo sea estupendo para siempre jamás. Me inclino más a pensar que se trata de pequeños momentos y sensaciones, que pueden durar segundos, pero en los que todo está bien de repente. Precisamente esos momentos y sensaciones que descartamos muchas veces por ir en pos de una felicidad total y absoluta, algo que, por mucho que nos pese, no existe.


No necesito grandes metas a conseguir (o no), ni un aluvión de comodidades en mi vida cotidiana, ni siquiera un caballero que me ame eternamente. Para mí, en este momento preciso, la felicidad huele a azahar.

viernes 20 de marzo de 2009

Y Dios dijo: "Creced y multiplicaos"



Y así lo hacemos. Y no nos paramos a pensar si podemos económicamente, o si estamos suficientemente preparados para ello. Seguimos órdenes, así que crecemos y nos multiplicamos. Quizá sea el instinto, al fin y al cabo no dejamos de ser animales, pero me inclino más a pensar que este afán por plantar la semillita se deba sobretodo a la educación. Nos venden la familia como el estado perfecto, el objetivo a alcanzar en la vida. Nos bombardean desde pequeños, en libros, películas y sermones varios, con finales felices, con boda y banquete, y su lógica y deseada consecuencia: los hijos. Hasta nos regalan muñecas que lloran, cagan y comen, para que vayamos acostumbrándonos a acunar, limpiar y dar de comer a los pequeños.
Sin embargo, parece que no nos paramos a pensar que hay al menos un factor que ha cambiado, y mucho, en éstas últimas décadas. Me refiero a la incorporación de la mujer al mundo laboral. La mujer, sobretodo desde el comienzo del cristianismo, ha sido relegada a poco más que parir y criar. Y no había que plantearse si tener descendencia, porque ya había una persona dedicada casi exclusivamente a la tarea de ocuparse de ella. De hecho, a la mujer se la educaba para ser madre y esposa, y, aunque no queramos darnos cuenta, esto sigue siendo así. Lo que pasa es que ahora además de para tener familia, también se educa a la mujer para ser independiente y trabajadora, y caen sobre ella más responsabilidades aún de las que ya tenía en los tiempos en los que el machismo era, no ya bien visto, sino algo aceptado como natural.
El resultado de ésto es que tener hijos sigue siendo una especie de obligación que no hay que plantearse demasiado, con la enorme diferencia de que ahora la mujer no se dedica exclusivamente a la tarea de la maternidad. Y claro, no es lo mismo tener todo el día para lidiar con los niños, que tener seis horas, y además con el cansancio y el estrés ya acumulados de todo el día.
Este hecho debería ser suficiente para pensarse un poco mejor cómo y cuándo tener vástagos, pero, desgraciadamente, no es así en la mayoría de los casos.

Me gustaría saber cuántas de las personas que son padres hoy en día pensaron durante el embarazo algo más que el nombre o el color de los enseres infantiles. Es cosa comprensible, ya que es más importante que se llame Antonio o Carmela que el hecho de que sólo vaya a estar con sus padres 4 horas al día, o que saber qué tipo de educación queremos que reciba Antonio (o Carmela). Y claro, pasa lo que pasa, que te encuentras padres agobiados, sin ganas de niños porque trabajan 8 horas y llegan a casa exhaustos y sin ganas de jugar, ni leer cuentos, ni pintar ni reír siquiera.

Queremos niños-floreros, que se sienten en un rinconcito y no se muevan, ni hablen alto, ni lloren ni sean pesados. Bueno, todo esto siempre y cuando no haya nadie, porque en cuanto nos cruzamos con conocidos o vienen visitas a casa necesitamos enseñarles que nuestro niño es un genio, el más gracioso del mundo, y lo exhibimos cual mono de feria: "Antoñito, haz el viejo" "Carmelita, di cúantos añitos tienes", y así un largo repertorio de demostraciones que, si no son realizadas con éxito por el pobre infante, son motivo de riña y enfado.
Eso sí, cuando estamos solos en casa que nos dejen tranquilos, que estamos muy cansados, o necesitamos espacio para nosotros. Y así les ponemos la tele durante horas (sin preocuparnos por lo que ven), o les compramos consolas y ordenadores, o cualquier cosa que al crío se le ocurra, con tal de no escucharlo y no aguantarlo llorando.


Y...¿de qué va esto?


Pues resulta que miro a mi alrededor y me quedo totalmente perpleja al fijarme en mis semejantes. La gente ya no protesta, o lo hace con la boca pequeña, desganada, casi como si fuera una obligación más que un derecho.

Yo, consciente de que puedo y debo protestar, me decido a abrir este blog precisamente para ello, con la esperanza de que los pocos que entren y se queden un ratito se decidan también a manifestarse.

Podréis estar de acuerdo o no con los temas aquí tratados, pero siempre tendréis algo por lo que haceros oír, así que desde mi humilde rincón os animo a ello
.

Un saludo a tod@s y allá vamos.